jueves, 11 de septiembre de 2014

Jimena Barón y Daniel Osvaldo: "Valió la pena haber resignado todo para vivir este amor"

En pleno éxito, abandonó su carrera de actriz para seguir a su novio, “el Johnny Depp del fútbol”, por el mundo. Hoy son papás de Morrison, de cuatro meses.

Dejó todo por amor –el país, su familia, los amigos, el trabajo– y, siguiendo al futbolista Daniel Osvaldo (28), el dueño de su corazón, se instaló en Europa (primero en Roma, después en Southampton y ahora en Turín). Sin pensarlo dos veces, Jimena Barón (27) le dio un giro de 180 grados a su vida, que ahora transcurre puertas adentro, en la intimidad de su casa. Y, en marzo de este año, se convirtió en mamá de Morrison, el bebé que coronó su historia de amor con el delantero de la Juventus. "No necesito nada más, tengo a los dos hombres que quiero", dice. Y resulta difícil no creerle, porque la felicidad se le nota en la cara.
–Dejaste todo para seguir al hombre de tu vida. ¿En algún momento te arrepentiste?
–No, nunca. Extrañar sí extraño, pero jamás me arrepentí. Al contrario, soy muy feliz. Es que desde que vivo afuera pude hacer tantas cosas… Y con Dani la pasamos tan bien juntos que todo en mi vida es felicidad. Cocino, voy al mercado en bicicleta, me dedico ciento por ciento a mimar a mis hombres. Al principio fue más difícil y me costó adaptarme. Pensá que cuando me instalé en Europa venía de trabajar mil horas por día y llegué a Roma a no hacer nada, a esperar que él volviera de jugar o de entrenar. "¿Y yo qué hago?", pensé. No sabía no hacer nada. Después pude acostumbrarme y empecé a disfrutar de salir a regar los tomates, caminar por el bosque, pintar, cocinar.
–¿Te transformó la maternidad?
–Uf, es lo más lindo que me pasó en la vida. El nacimiento de Morrison hizo que me replanteara todo. Mis sentimientos, el significado del amor, todo. Lo que sentís por un hijo es tan fuerte que no se compara con nada. Recién cuando sos mamá descubrís lo que es el amor incondicional. Mi vida pasó a un segundo plano, todo es el bebé, lo que pasa fuera de él como que no lo registro.
–¿Morrison llegó en el momento justo?
–Sí, totalmente. Porque era la primera vez que cortaba con un trabajo, estaba en Europa, no tenía que trabajar, era el momento perfecto para tener un bebé. Eso sí: creo que hay que tomar esa decisión estando muy enamorada y con muchas ganas de tener un hijo. Porque cuando nace, lo cambia todo. Yo, que siempre fui muy independiente e hice todo temprano (a los 9 años ya trabajaba y a los 16 vivía sola), me tomé todo el tiempo del mundo para decidirme.
–¿Te sentís más vulnerable?
–Al contrario, me siento más fuerte. Me siento una leona capaz de todo. Aunque estoy tan pendiente de "Momo" que creo que puedo llegar a transformarme en una mamá muy sobreprotectora. [Risas].
–¿Cambió mucho tu vida en pareja?
–Sí, y fue lo que más me costó. Yo estaba dedicaba absolutamente a acompañar a Dani, todo el tiempo para él, cocinando, y me encantaba y él lo disfrutaba también. Después nació "Momo", el primer día todo genial, los tres juntitos, abrazados, y al otro día Dani se fue a entrenar, volvió a su rutina y yo me quedé sola en casa con el bebé, sin saber qué hacer. Bueno, estoy aprendiendo, es mi primer hijo.
–¿Qué tal es Dani como papá?
–Es bárbaro, lo más cariñoso del mundo, lo más tierno. Conmigo también, la verdad es que es todo amor. Lo agarra y lo besuquea todo, le saca cien fotos por día y se las manda a sus amigos. Y aunque siempre la parte más dura es de la mamá, Dani también se levanta de madrugada, lo atiende y lo mima.
–¿Te gustaría tener otro bebé?
–Sí, me encantaría, pero no ahora. Primero hay que volver a la normalidad y organizarnos, todavía estamos un poco convulsionados.

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