sábado, 5 de julio de 2014

Lucila y Olivia: En nombre de la madre

La morocha está en el unitario de Cris Morena "Aliados" y la rubia, en la novela de Gustavo Bermúdez "Somos familia".

Actrices como su mamá, de quien tomaron el apellido, Olivia trabaja en “Somos familia” y Lucila, en “Aliados”. Quién es cada una.

Son malas en la ficción, pero dulces y tiernas en la realidad. Olivia, de 23 años, interpreta a la despechada Camila Galván en la tira Somos familia (a las 21, por Telefe) y Lucila, de 21, es Gala en el unitario Aliados (domingo a las 19.30, por Telefe). Sentadas una frente a la otra, en un café de Palermo, parecen dos muñequitas: una rubia, de ojos azules (Olivia), la otra castaña, de ojos verdes. Son hijas de la actriz Patricia Viggiano, de la cual no sólo siguen los pasos en el mundo artístico, sino que también adoptaron su apellido. “Usamos el suyo porque el de papá es muy difícil. Siempre lo escriben mal o de mil maneras distintas”, comienza diciendo Olivia.
“Papá nos re apoyó con esto, porque él sufrió siempre con lo mismo. Es músico, ahora se dedica a la administración de empresas, pero cuando tenía sus bandas se acortaba el apellido, se hacía llamar ‘Chorno’ , y como no nos parecía muy artístico, entonces nos inclinamos por el de mamá”, explica Lucila, mientras su hermana se anima a deletrear el verdadero: Chornogubsky . Olivia recuerda que en el colegio eran “las de apellido difícil”.
Sus inicios en el mundo de la actuación no fueron fortuitos: desde niñas Patricia las llevaba a los estudios de grabación de sus novelas. “Desde chiquita sabía que quería ser actriz y cantar. Por mí, hubiera empezado mucho antes, pero mi mamá era muy consciente de que esto era un laburo y prefirió que primero terminara el colegio. Una vez me dejó ser extra y aparecí caminando por detrás de una escena, pero respeté lo que me dijo mamá de ir por una cosa a la vez ”, confirma Olivia. En cambio, para Lucila fue un descubrimiento: primero quiso seguir los pasos de su padre, se anotó en la facultad, pero duró apenas tres días, luego quiso ser diseñadora de indumentaria, volvió a anotarse en la facultad, y duró cuatro días. “En total, en la facultad, estuve una semanita”, dice, entre risas. “Entonces me anoté en clases de actuación y el primer día me di cuenta de que era lo que quería ser el resto de mi vida. Encontré mi vocación”, admite.
“Ser las hijas de mi mamá no nos abrió puertas en cuanto a lo laboral, pero sí acortó camino. Nosotras damos nuestros propios pasos, tenemos nuestras propias experiencias y ella nos entiende, aconseja y apoya”, afirma Olivia, ante la aprobación de Lucila. Ellas tienen una excelente relación: “Más que hermanas somos amigas”, dicen casi al mismo tiempo. “Antes de salir nos maquillamos juntas, tenemos muchas cosas en común, hicimos tres viajes juntas. En el 2012 nos fuimos un mes a estudiar actuación a Nueva York, fue una experiencia muy buena”, argumenta Lucila. “De chicas nos llamaba la atención escuchar a mamá hablar sola, a veces decíamos: ‘¿Qué pasa? ¿Con quién se pelea?’,y estaba repasando letra. Ahora los hacemos las tres. Vamos hablando solas por la casa. Pobre papá, ¡nos tiene una paciencia!”, dice Olivia. Lucila se confiesa una gran futbolera, amante de River, pasión que comparte con su padre. “Tenemos energías muy distintas y nunca se nos ocurrió compararnos. Hemos ido a castings juntas, estamos en la misma agencia (Multitalent), pero siempre hablamos que si una no queda y la otra sí es una alegría. Aprendimos que eso no tiene que ver con lo personal, sino con el perfil que se busca”, dice Olivia. Ambas de novia (Olivia hace tres años y Lucila hace un mes), por primera vez en su vida sueñan con vivir solas antes de convivir. Dicen que casarse aún no está en sus planes. Mientras, cada una disfruta de su hobby: Olivia canta -sacó su propio disco, Abrir los ojos- y Lucila cocina.

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